A veces se nos hace que la vida cotidiana se vuelve demasiado aburrida, la normalidad demasiado banal, la rutina demasiado repetida, los días muy idénticos entre sí, y el tiempo pasa volando y qué sucede con nuestras vidas, qué hemos hecho para disfrutarla, cuánto la hemos aprovechado para nosotros mismos, qué experiencias hemos acumulado, qué hemos aprendido, ¿estamos satisfechos? Muchas veces no.

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     Miles de preguntas de este tipo nos pueden paralizar la rutina en cualquier momento, en cualquier parte. Y queremos romperla, rebelarnos; necesitamos un cambio. Es así que a veces algunos eligen viajar para sentirse más vivos. Aunque otros hacen de los viajes su cotidianeidad, esa es otra historia.

 

Aunque amemos la vida que llevamos día a día, siempre llega un momento en que lo ordinario se vuelve desesperante; es que el ser humano es inquieto por naturaleza, unos más que otros, es verdad, y los que viajan muchas veces lo hacen por motivos existenciales o porque necesitan vivir nuevas experiencias.

     Existen tantos lugares maravillosos a descubrir, tantas personas y rutas magníficas y tantas maneras fascinantes de vivir que no vale la pena conformarse con quedarnos en casa a mirar televisión por no complicarnos la vida.

     Lo mejor que le puede pasar a alguien, en muchas ocasiones, es lograr complicarse la vida y animarse a partir, aunque sea unos días, quizás un año o una vida entera. Por qué privarse de placeres tales como poder despertarse un día a contemplar cómo nace el sol detrás de unas montañas alucinantes, o respirando aire marino, o dejando huellas en rutas perdidas, o en compañía de personas afectuosas. Un viaje puede darnos la sensación de libertad y de inmensidad que estábamos necesitando.

     Cada persona que se valora a sí misma sabe que se merece lo mejor, y si un viaje puede ayudarnos a crecer, a sentirnos más vivos y plenos en el mundo, por qué resistirnos. Todos podemos convertirnos en grandes viajeros, aunque así sea de pequeños viajes. Sólo hay que tener valor para poder dar el primer paso, y de animarse a desafiar un poco nuestros propios límites para cruzar fronteras más importantes que las fronteras geográficas.

     Vamos, anímese, tome coraje, usted es el único que tiene el poder, nadie más vivirá su vida. Nadie viajará por usted.